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El ciclo de vida de los estadios

Construir, remodelar, demoler y volver a empezar… Una monografía sobre el ciclo que recorren todos los estadios deportivos.  Índice 1. P...

El ciclo de vida de los estadios

Construir, remodelar, demoler y volver a empezar…
Una monografía sobre el ciclo que recorren todos los estadios deportivos. 

Índice
1. Prefacio.
2. El ciclo de vida de un estadio de fútbol.
3. La función se adapta a la forma o la forma a la función.
4. Los estadios oficiales.
5. Los estadios con dueño.
6. Los estadios de Buenos Aires:
6.1 El caso de la Bombonera (Boca Juniors);
6.2 El caso de San Lorenzo;
6.3 El caso de Independiente;
6.4 El caso del Monumental (River Plate);
6.5 El caso del Cilindro (Racing);
6.6 El caso del Palacio (Huracán);
6.7 El caso del Amalfitani (Vélez)
6.8 El caso de la ciudad de La Plata;
6.9 El caso de la ciudad de Rosario (y el de Santa Fé);
6.10 Otros casos en el área metropolitana.

7. Corolario

1. Prefacio
En los últimos 65 años no se construyeron estadios de avanzada en Buenos Aires. Este atraso queda en franca evidencia al comparar las canchas de los grandes equipos locales, con cualquiera de los estadios en los que se juegan las principales ligas de fútbol del mundo (y con varios de los campeonatos menos importantes también).

La época dorada de los estadios de fútbol en Buenos Aires fue la de 1940. En aquellos años se inauguraron el Monumental, la Bombonera, el Palacio, el Cilindro... En su momento fueron estadios modernos, pero prolongaron su vida útil más allá de lo aconsejable cobijados bajo el largo ocaso que se inició a partir de los años ’50.

En la actualidad, todos los estadios de Buenos Aires y sus alrededores sufren severas limitaciones de capacidad, comodidad, acceso o versatilidad (algunos incluso presentan todas estas restricciones juntas). En su mayoría tampoco desarrollaron opciones para evolucionar de manera gradual e incorporar mejoras y/o ampliaciones de manera ordenada y ambientadas dentro de un plan regulador.

Los casos más sintomáticos son los de Boca Juniors (¿ampliación o nuevo estadio?) y San Lorenzo (regreso a Boedo), aunque el resto de los equipos grandes (River Plate, Racing e Independiente) enfrentan, en mayor o menor medida, instancias semejantes.

Las próximas líneas resumen algunas reflexiones sobre la evolución de los estadios de Buenos Aires y alrededores. Se incorporaron ejemplos extractados de experiencias desarrolladas en Europa, para evidenciar cómo la arquitectura deportiva porteña ha seguido un paso divergente del de otras ciudades de magnitud comparable.

El objetivo de este trabajo no es elaborar recetas únicas que apliquen a todas las circunstancias, sino exponer de manera simple y ordenada el denso entramado de variables económicas y sociales que siempre entran en juego cuando que se encara este tipo de emprendimientos.

2. El ciclo de vida de un estadio de fútbol

Los estadios de fútbol son estructuras eminentemente funcionales. Esto significa que su objeto responde a una premisa muy simple: poder ver bien los partidos.

Esta es la razón que dio origen a los primeros estadios de fútbol —a medida que se popularizaba el espectáculo— y es aún la variable clave a considerar en los estadios modernos. Pero, esta premisa básica no es estática y se encuentra en continua evolución. Por consiguiente, todos los estadios del mundo atraviesan un ciclo de vida cuyas principales etapas se pueden sintetizar de la siguiente manera:

1ª Etapa Primitiva: a principios del siglo XX los incipientes clubes se localizaban en lugares donde podían acceder a un terreno. No se puede formar un equipo de fútbol si no se tiene un lugar donde jugar. La necesidad de encontrar un espacio libre y plano de aprox. 1 Ha de superficie (la extensión promedio de un campo de fútbol es 100 m. x 70 m. = 7.000 m2), condicionó la ubicación a zonas ubicadas en lo que 100 años atrás era la periferia de Buenos Aires.

Casi todos los clubes que hoy perduran ocuparon en sus inicios terrenos del puerto, del ferrocarril o de quintas de barrios poco poblados. Esta etapa estuvo caracterizada por el “juego mismo”. La única instalación en aquellos campos de juego era la casilla que oficiaba de vestuario. No hacían falta tribunas, pues los socios eran a la vez jugadores, dirigentes y público. Sin embargo, a medida que el juego se extendió, cobró relevancia un nuevo actor: el espectador, que dio paso a la segunda etapa…

2ª Etapa Básica: la transición de “juego” a “espectáculo” trajo consigo nuevos requisitos. El sostenido crecimiento del número de espectadores (gente que asistía a los partidos sin necesariamente ser socio/jugador), obligó a dotar a los campos de juego de la infraestructura necesaria para albergarlos.

En Buenos Aires se adoptaron preferentemente estructuras reticuladas de perfiles metálicos ligeros en la que se montaban tablones de madera dura. Estas construcciones presentaban diversas ventajas:
- su costo era acotado y buena parte de los materiales (principalmente la madera) eran de fabricación nacional;
- su instalación era simple y no requería conocimientos ni tecnologías sofisticadas;
- su montaje era rápido y permitía adecuar con celeridad la capacidad de los estadios, que se veían desbordados por el creciente entusiasmo de la afición;
- se desmontaban fácilmente. Como muchos de los clubes no eran propietarios de los terrenos en los que construían sus estadios, podían mudar sus instalaciones;
- las gradas eran muy aptas para ver los partidos de pié. En aquellos tiempos el público no demandaba mayoritariamente tribunas con asientos.

Los estadios de tablones usaban muy eficientemente el limitado espacio disponible, pues las tribunas tenían pendientes relativamente empinadas que permitían ubicar más espectadores en menos espacio. En las Islas Británicas, por razones de seguridad se prefirió construir tribunas sobre terraplenes de tierra que soportan menores pendientes y requieren mayor superficie. Esta situación fue determinante para que, al agotarse la etapa básica del ciclo de vida de estas canchas, los estadios de Londres y Buenos Aires siguieran una evolución muy diferente:
- las amplias superficies sobre las que estaban construidos algunos estadios británicos (sobre terraplenes), facilitaron su completa remodelación en la misma ubicación;
- por el contrario, la mayoría de los estadios porteños estaban construidos sobre terrenos de dimensiones reducidas (con tribunas de tablones), y no se generaron proyectos de ampliación natural que permitieran un proceso ordenado de renovación.

De los 4 estadios mencionados en el prefacio, sólo el Monumental se construyó sobre un terreno comprado al efecto. Los otros 3 —la Bombonera, el Palacio y el Cilindro— se construyeron en reemplazo de estadios de madera, y hoy todos exponen los compromisos que impuso durante su construcción el limitado espacio disponible.

Los estadios básicos agotan su vida útil a medida que saturan su capacidad y aumenta el nivel de exigencia de los espectadores (mejor visibilidad, mayor confort, nuevos servicios). Nuevas tribunas, cercanía al campo de juego, introducción de asientos numerados o provisión de refrigerios, fueron factores decisivos a la hora de pasar a la tercera etapa del ciclo de vida de los estadios.

3ª Etapa de Remodelación: en su etapa básica los estadios sólo responden a la premisa funcional básica: presenciar los partidos. Sin embargo, a medida que se demandan nuevos requerimientos, ingresan en una etapa de transformación gradual en la que se ejecutan remodelaciones para aumentar la capacidad y/o proveer nuevas comodidades y servicios.

En algunos casos el proyecto básico prevé una ampliación ordenada, que bien puede ser interpretada como una construcción del estadio por etapas. Estos proyectos dan por resultado conjuntos arquitectónicos armoniosos, cuyo desarrollo avanza a medida que el uso del estadio lo justifique.

Sin embargo, en muchos casos las ampliaciones y remodelaciones son agregados que buscan suplantar la falta de un plan regulador original. Estos proyectos resultan en conjuntos arquitectónicos disonantes, en los que la armonía propia de un desarrollo integral queda postergada por alguna variable en particular (por ejemplo: el aumento de la capacidad o el techado de un sector).

En estos casos es muy frecuente encontrar estadios en los que predomina una mezcla de estilos y soluciones constructivas conceptualmente diferentes (tablón, hormigón in situ, pre-moldeado, estructura metálica), y que constituyen verdaderas colecciones de proyectos parciales ejecutados para cubrir necesidades puntuales de corto plazo.

La etapa de remodelación permite extender significativamente —aunque no indefinidamente— la vida útil de un estadio. Las nuevas técnicas constructivas han abierto numerosas posibilidades a la remodelación de estadios. El Liverpool tenía un proyecto para reemplazar el estadio de Anfield por uno nuevo ubicado a pocos metros de distancia en el parque Stanley, pero finalmente decidió encarar una remodelación de su histórico recinto (el club juega en ese lugar desde 1892).

Cuando se agota esta tercera etapa, todo estadio arriba inevitablemente a una encrucijada en la que no queda alternativa a la demolición y reconstrucción (en el mismo sitio o en una nueva localización). Estos procesos pueden ser extremadamente conflictivos, pues exigen decisiones y acciones que alteran tradiciones y vínculos sentimentales desarrollados a lo largo de los años por la comunidad afín.

4ª Etapa de Reconstrucción: agotada la etapa de remodelación y asumida la difícil decisión de recomenzar, resulta clave la envergadura, difusión y entusiasmo que genere el nuevo proyecto. El proceso es mucho menos traumático si se puede reconstruir el estadio en el mismo lugar que ocupaba el anterior, pues evita lidiar con el desarraigo asociado a toda mudanza.

Un aspecto no menor es si durante la construcción del nuevo recinto se requiere una mudanza transitoria. Esta etapa intermedia generará múltiples incomodidades, que suelen prolongarse cuando se enfrentan las habituales dificultades constructivas o financieras durante el proyecto. En muchos casos es conveniente avanzar a un paso más lento, pero evitar la mudanza transitoria. Un claro ejemplo fue la reconstrucción de la Catedral de San Mamés en Bilbao, enteramente realizada sin dejar de utilizar el campo de juego durante la temporada oficial. La construcción del viejo estadio de Chamartín del Real Madrid (hoy Santiago Bernabéu), es otro ejemplo apropiado. El Chelsea evaluaba alquilar el estadio de Twinckenham, que tiene una capacidad de 80.000 espectadores sentados, mientras dure la reconstrucción de Stanford Bridge (aunque recientemente trascendió que podría usar el de Wembley).

Los proyectos de reconstrucción mejor desarrollados son los que integran los valores y las tradiciones vigentes con los nuevos requerimientos. Es siempre una buena idea inspirarse en temas y estilos arquitectónicos plenamente identificados con la afición, para generar en ella un rápido sentimiento de pertenencia con el nuevo estadio.

La situación se complica cuando no queda alternativa a una mudanza definitiva. En estos casos se extreman los recaudos para identificar algún lugar cercano que permita desarrollar un proyecto que cubra todas las necesidades. El Camp Nou del FC Barcelona se construyó a 1 km. de Les Corts. El Emirates (Ashburton Grove) del Arsenal se encuentra a sólo 500 metros del viejo Highbury.

El destino del viejo estadio es otro factor a considerar. Por lo general se construyen viviendas o centros comerciales, pues la venta del viejo terreno es una fuente de financiación del desarrollo del nuevo estadio. En la mayoría de los casos no queda rastro de las viejas instalaciones. Sin embargo, algunos proyectos rescatan parte de aquel legado. Por ejemplo, el complejo de viviendas construido en el viejo estadio del Arsenal de Londres (Highbury), preservó las fachadas de sus tribunas laterales.

En casos extremos, la falta de una localización adecuada puede terminar con el vínculo entre un equipo y su afición. Un caso curioso fue el de Wimbledon FC que, al no poder (o no querer) desarrollar un nuevo estadio en su comunidad, se transfirió a otra ciudad a casi 100 km. de distancia. Los defraudados asociados crearon un nueva entidad (Wimbledon AFC), bregaron por recuperar la historia e identidad de su viejo club, y hoy anhelan la construcción de un estadio en su barrio de origen.

El vínculo sentimental establecido entre un club y su afición está íntimamente ligado a su estadio, y por eso resulta tan traumática la decisión de reconstruirlo. Aun los extraordinarios estadios que se inauguran en la actualidad, algún día alcanzarán su obsolescencia y tendrán que ser reemplazados.

Otros edificios emblemáticos pueden ser reciclados con gran facilidad. Se puede reciclar un museo internamente y actualizarlo sin demoler su fachada. Cuando no queda más lugar para albergar su patrimonio, se segmenta la colección y construye otro. Esta solución no es aplicable a los estadios de fútbol (no se puede jugar el primer tiempo en una cancha y el segundo en otra).

En esta sucesión de remodelaciones y reconstrucciones de estadios, cada día cobran más y más importancia los servicios asociados. Aquella premisa básica de que un estadio era una estructura para “presenciar los partidos”, ha evolucionado en una directriz mucho más compleja que propone a los espectadores “una experiencia de inmersión en el espectáculo deportivo”, desde un sitio con perfecta visión del campo, amplias comodidades y una atmósfera inolvidable. Este tema abre el siguiente punto ¿cómo condiciona la arquitectura de un estadio la atmósfera que en él se genera?

3. La función se adapta a la forma o la forma a la función…

Una vez definido que el rol de un estadio de fútbol es el de proveer al espectador una experiencia de inmersión en un espectáculo deportivo, cabe preguntarse si ¿todos los estadios están en condiciones de proveerla?

La respuesta obviamente es: NO. El fútbol se desarrolla en un campo de juego relativamente grande si se lo compara con el de la mayoría de los demás deportes. Esto plantea todo un desafío desde el punto de vista del diseño de un estadio de fútbol, si su objetivo primordial es que los espectadores se sientan parte del juego.

La forma de un estadio es el mejor indicador de los objetivos de su diseñador. Al ser el campo de juego un rectángulo, la forma más simple para que los espectadores estén muy cerca de la acción es que el estadio replique este contorno. La mayoría de los actuales estadios de fútbol se diseñan con este concepto en mente y las tribunas se distribuyen de manera paralela a los cuatro costados del campo de juego. Este principio, que en apariencia resulta obvio, no siempre estuvo tan claro.

La demanda de grandes estadios de fútbol se disparó a principios del siglo XX. En ese entonces la variable crítica era la cantidad de espectadores. Un óvalo se desarrolla a lo largo de un perímetro más largo que el de un rectángulo y, por lo tanto, permite construir estadios de mayor capacidad (aunque con espectadores alejados del juego). Por esta razón, los grandes estadios de Londres y Glasgow —ciudades pioneras en construir recintos que albergaron concurrencias de más de 100.000 espectadores a principio del siglo XX— se desarrollaron con grandes tribunas cabeceras curvas muy alejadas de los arcos.

Hasta hace no muchos años (mediados de 1970), se privilegió un concepto de estadio multipropósito en el que se recurría a una forma ovalada y se ubicaba alrededor del campo de juego una pista de atletismo. Así como no se puede apreciar un partido de básquet o un match de boxeo en un estadio de fútbol, tampoco es posible disfrutar de un partido de fútbol que se juegue en el centro de una pista de atletismo.

Un ejemplo muy claro fue el Mundial de 1974 que se desarrolló en Alemania en 9 sedes. En 8 de ellas se utilizaron estadios ovalados con pista de atletismo y mayoría de tribunas descubiertas. La notable excepción fue el estadio de Dortmund, que adoptó un esquema novedoso para la época: forma rectangular, con 4 tribunas enteramente techadas y sin codos (para privilegiar la visión del espectador).

Cuando la Copa del Mundo regresó a Alemania en 2006, la situación fue muy diferente. Se eligieron 12 sedes, pero sólo en 2 de ellas el estadio tenía pista de atletismo. Los otros 10 flamantes estadios tenían tribunas enteramente techadas paralelas al campo de juego (que en algunos casos también estaba cubierto).

Los únicos estadios alemanes usados en ambos mundiales fueron el de Berlín, que mantuvo su pista de atletismo por ser estadio Olímpico, y el de Dortmund, que impuso su original concepto en todo el mundo y se presentó totalmente remodelado con una capacidad de 60.000 espectadores (50% más que 30 años atrás), prueba de que un buen proyecto inicial siempre admite una buena ampliación final.

Estos nuevos estadios alemanes también incorporaron un sistema que preserva la preferencia de los espectadores por mirar los partidos de pié. Las normas de la FIFA y la UEFA exigen que los partidos de sus torneos se disputen en estadios con el 100% de los espectadores sentados. Los clubes alemanes usan un sistema —rail seating— que permite adaptar rápidamente las tribunas a las normas locales o internacionales, según el torneo que se juegue. La famosa cabecera sur del estadio de Dortmund (Südtribune) aloja unos 25.000 espectadores parados en los partidos de la Bundesliga, que se reducen a 12.500 sentados cuando se juegan torneos europeos. Este es un claro ejemplo de cómo a través de soluciones ingeniosas, se puede privilegiar el gusto y la preferencia del espectador (la forma se adapta a la función).

La posibilidad de restringir el confort para satisfacer gustos particulares de las hinchadas tiene relación directa con el precio de las entradas o, si se emplea un criterio más amplio, con el ingreso por espectador (que también computa lo que gasta en comida y merchandising). La posibilidad de adecuar la capacidad del estadio según el torneo que se juegue, permite aplicar un política de precios diferenciada. El precio promedio de las entradas de los partidos de la Bundesliga es la mitad del de los partidos de la Premier League inglesa, en la que todos los estadios son all seaters (100% de los espectadores sentados). No es entonces casualidad que el torneo alemán muestre el promedio de concurrencia por partido más alto de Europa. Hoy en día se registran muy fuertes presiones de grupos de espectadores ingleses para que se vendan localidades de pie y atenúe así el precio de las entradas.

Un elemento clave a la hora de garantizar una buena experiencia es la visión del campo. Los nuevos estadios prestan una atención especial a la cercanía al terreno de juego, la eliminación de puntos ciegos y la ausencia de alambrados y/o cercas que limiten la vista del espectador. En España se puso gran énfasis en eliminar las barreras que separaban al público del campo y, producto de ese esfuerzo, se logró una sustancial mejora de la visión general del juego.

En este punto los estadios argentinos quedaron muy relegados en relación a sus pares de otros países. La situación presente es incluso peor que la de esos mismos estadios 50 años atrás. La ausencia de iniciativas para remover alambrados, cercas, muros y demás barreras dispuestas para impedir el acceso indebido al campo de juego —pero que atentan contra la visión del espectáculo— es una clara indicación de la reconocida imposibilidad de controlar el comportamiento del público argentino (aunque la más flagrante es la prohibición de ingreso de público visitante). Para dar una idea de que siempre se puede mejorar en este sentido, cabe mencionar que en la década de 1980 en Stanford Bridge había cercas eléctricas para contener al público.

Un estadio rectangular siempre tiene menor capacidad que uno ovalado semejante. Esto también queda en evidencia al comparar los dos mundiales alemanes. La capacidad promedio de los 8 estadios usados en 1974 fue de 60.000 espectadores, mientras que en 2006 fue de 50.000 espectadores en los 12 estadios utilizados. Este fenómeno se replica en muchos países y marca una tendencia mundial. La reducción del tamaño promedio de los estadios está asociada con el nivel de confort deseado y con la búsqueda de un mayor ingreso por espectador. Esto plantea un conflicto, pues el alto precio de las entradas segrega a los concurrentes por nivel económico y atenta contra la popularidad del juego. Esta situación sólo puede ser atenuada, pero no superada, por la difusión masiva de los partidos en los medios de comunicación.

Uno de los aspectos críticos cuando se diseña un estadio es definir su capacidad. El fútbol es un espectáculo eminentemente colectivo, en el que jugadores y público interactúan continuamente. Ningún estadio generará una atmósfera legendaria si no está colmado con regularidad. Una modesta concurrencia de 10.000 personas puede crear un magnífico ambiente en un estadio pequeño, mientras que el mismo público apenas se hará sentir en un gran coliseo. Los dueños de los estadios deben buscar un punto óptimo entre la escala económica y la respuesta de la afición. Es preferible poseer un estadio que quede chico unas pocas veces al año, a tener que jugar y presenciar casi todos los partidos con la mitad de las tribunas vacías.

Los estadios modernos tienen una capacidad promedio inferior a la de los construidos a mitad del siglo XX, pero su comodidad es muy superior. Hoy es frecuente que se demuelan estadios y construyan otros de menor capacidad general, pero dotados de gran comodidad, mejores servicios (refrigerios y merchandising) y amplia versatilidad (posibilidad de albergar otro tipo de espectáculos). Wembley reunía concurrencias de 127.000 espectadores (la mayoría parados y lejos del campo), mientras que ahora permite que 90.000 personas cómodamente sentadas vean los partidos desde una óptima posición. El mítico Maracaná alojaba 200.000 torcedores en 1950, y hoy tiene una capacidad de 80.000 personas sentadas luego de las distintas remodelaciones llevadas a cabo.

El caso más paradigmático es el del Juventus Stadium en Torino. En 2003 el club italiano compró el Stadio delle Alpi, construido para el mundial de 1990 con pista de atletismo y tribunas para 70.000 personas alejadas del campo de juego. En 2008 lo demolió, y en 2011 inauguró uno de moderna concepción para 40.000 personas que mejoró ostensiblemente la experiencia de los espectadores. La Roma ya informó que tiene planes para dejar el Estadio Olímpico y mudarse a uno propio. Este ejemplo abre al siguiente tema: ¿es mejor jugar en un estadio oficial o en uno propio?

4. Los estadios oficiales
La directiva básica de un estadio de fútbol es: presenciar los partidos. Esa premisa evolucionó en una más compleja: proveer al espectador una experiencia de inmersión en el espectáculo deportivo. Sin embargo, estos principios han sido ignorados con demasiada frecuencia. Es interminable la lista de estadios erigidos por entes gubernamentales de todo el mundo que no responden a un cuidado diseño y que, ante la ausencia de una agenda deportiva que genere un vínculo sentimental con la afición, nunca llegan a enamorar a su público objetivo.

Los ejemplos más evidentes son las estructuras desarrolladas para grandes justas deportivas internacionales (juegos olímpicos, copas del mundo), y que al cabo de esos eventos no están en condiciones de sostener un calendario de actividades lo suficientemente atractivo para que el estadio desarrolle una vida propia.

Estos estadios oficiales suelen ser construidos por las reparticiones a cargo de la organización de los eventos deportivos. En su diseño básico predomina la intención de poner en evidencia el poderío del país o el gobierno de turno, a costa de la funcionalidad y el uso posterior de la infraestructura.

Un claro ejemplo de la falta de atención puesta al destino final de un estadio oficial es la inclusión de una pista de atletismo alrededor del campo de juego, que aleja a los espectadores de la acción y atenta directamente contra la primer directiva de todo estadio de fútbol: ver los partidos de la mejor manera posible.

En muchos casos la pista de atletismo es una condición necesaria para organizar el evento que justifica la construcción del estadio. Pero nada impide un diseño con un pista temporaria que, al cabo del evento, sea reemplazada por tribunas cercanas al campo de juego. Este es el caso del actual estadio del Manchester City, originalmente construido para los juegos de la mancomunidad británica de 2002. Cuando se acordó reconvertirlo en un estadio de fútbol se bajó el nivel del campo de juego y se construyó un anillo inferior de tribunas bien próximas a la acción. Si bien parte de los aficionados del City aún añora las jornadas vividas en el viejo Maine Road, las facilidades que ofrece el moderno estadio y los importantes títulos allí conseguidos (ganó 2 títulos de Premier League), permiten asegurar que se trata de la reconversión exitosa de un estadio no diseñado específicamente para partidos de fútbol. Esta situación permite extrapolar la siguiente conclusión: el vínculo sentimental de una afición con su estadio se cimienta a medida que se alcanzan nuevos logros deportivos.

Otro ejemplo de reconversión en curso es la remodelación del Estadio Olímpico de Madrid (la Peineta), cuya propiedad fue transferida al Atlético de Madrid. El estadio, que originalmente fue construido para soportar las candidaturas de Madrid como sede de los juegos olímpicos, nunca fue terminado y está siendo adaptado a los requerimientos de un moderno estadio de fútbol (gradas bien cerca del campo de juego y sin pista de atletismo). Se augura que el Aleti comenzará a jugar allí a partir de la temporada 2017/18.

Es lógico esperar que todo estadio nuevo genere cierto nivel de resistencia, pero ésta decae sistemáticamente a medida que se conquistan nuevos títulos. Por el contrario, si la mudanza se alinea con un período de bajas performances la situación empeorará y el nivel de rechazo puede crecer hasta límites verdaderamente insostenibles.

Un caso interesante es el de la Real Sociedad de San Sebastián que durante 80 años jugó en Atocha, un pequeño estadio en el centro de la ciudad con tribunas pegadas a las rayas de cal de los 4 costados del campo. En 1993 se mudó a Anoeta, un estadio municipal en la periferia de la ciudad, con pista de atletismo y tribunas curvas alejadas de la acción. Probablemente, los antiguos seguidores donostiarras jamás se sintieron a gusto en Anoeta. La Real Sociedad ya tiene un proyecto para eliminar la pista de atletismo y recuperar en su estadio un ambiente más acorde al de su profusa historia futbolística.

De las 30 canchas usadas por los equipos de 1ª división en la Argentina sólo 2 tienen pista de atletismo: el Monumental de River Plate (privado) y el Kempes de Córdoba (oficial). Ambas son un problema (y River ya tiene un proyecto para eliminarla).

El caso de Córdoba es interesante. El estadio fue construido para el Mundial de 1978, junto con los de Mar del Plata y Mendoza. Todos inspirados en la tipología que predominó en el mundial de Alemania en 1974 (con tribunas cabeceras curvas, bajas y alejadas del campo de juego). El de Córdoba fue el único con pista de atletismo, y por ende el que ofrecía peor visión del juego. Finalmente, fue remodelado para la Copa América de 2011. Se demolieron sus cabeceras y reconstruyeron con mayor altura, pendiente y capacidad. La situación general mejoró notablemente respecto al estadio original, pero no queda claro si no hubiera sido mejor demoler el viejo estadio y reconstruirlo sin pista de atletismo. No es de extrañar que uno de los dos equipos cordobeses en primera división —Belgrano— ya anunció un plan para remodelar su propio estadio.

La reconstrucción del estadio Olímpico de Roma para el Mundial de 1990 es otro ejemplo de incompatibilidad entre una pista de atletismo y una buena visual. Se acercó el público al campo de juego (9 metros), pero no lo suficiente como para que la atmósfera sea la que se espera en este tipo de recintos (y quizá sea esta una de las razones por las que la Roma se quiere ir de allí).

El de Mar del Plata es otro curioso caso de estadio oficial. Fue construido en 1978 en una ciudad que no tuvo un equipo en primera división hasta 2015. Sólo alcanza un aceptable nivel de ocupación en algunos partidos de los torneos de verano, que se organizan durante el receso del torneo argentino. La disponibilidad de este nuevo recinto impulsó la desaparición del viejo estadio —el San Martín—, rectangular y mejor dimensionado para la demanda de la ciudad. Por lo general, la construcción de infraestructura deportiva sobredimensionada suele tener un efecto nocivo sobre el desarrollo de la actividad que busca promocionar. La ciudad perdió un estadio adecuado, que costaba poco mantener y podía ser remodelado en etapas a medida que aumentara la demanda local. En su lugar recibió un estadio enorme, que no recoge el sentimiento de la afición local, y cuyo alto costo de mantenimiento se nota en las pobres condiciones en las que se encuentra.

El último caso de estadio oficial construido para el Mundial de 1978 es el de Mendoza. El proyecto arquitectónico fue más acabado que el de sus pares de Córdoba y Mar del Plata, y ofrece una mejor visión del campo de juego. De todas maneras, no está exento de los problemas que genera un tamaño exagerado para la demanda local. En los últimos años mejoró su utilización al consolidarse desde 2008 un equipo local en primera división —Godoy Cruz— y por haber hospedado regularmente partidos de las selecciones nacionales de fútbol y rugby.

En años recientes varias provincias destinaron ingentes recursos a construir estadios de fútbol de cierta envergadura (San Juan, Salta, Catamarca, Chaco). Todos están caracterizados por su falta de originalidad, sobredimensionados para la actividad local y destinados a seguir una lenta declinación a medida que pase el tiempo y se escatimen los recursos para su mantenimiento. El único equipo de 1ª división en estas ciudades es San Martín de San Juan, que posee un modesto pero adecuado estadio propio que usa en sus competencias oficiales. El resto de las ciudades mencionadas no tienen equipos en torneos importantes (los más representativos juegan en 3ª división) y sólo reúnen concurrencias importantes ocasionalmente, cuando se organizan partidos entre los grandes equipos de Buenos Aires.

Ante esta situación cabe preguntarse ¿por qué los gobiernos desarrollan estadios sin involucrar debidamente los intereses y preferencias de los tradicionales equipos del lugar a los que responde la inmensa mayoría de la afición local?

Al respecto, el estadio de La Plata constituye un caso verdaderamente singular. La capital de la Provincia de Buenos Aires acredita una de las tradiciones futbolísticas más importantes del país. Sus dos principales clubes —Estudiantes y Gimnasia— han edificado desde hace más de 100 años una añeja rivalidad deportiva. Ambos equipos poseían estadios de madera enclavados en el bosque platense, cerca del centro de la ciudad.

En 1996 el gobierno provincial decidió construir un estadio oficial al que denominó “Único”. El proyecto seleccionado no se inspiró en los elementos de la cultura de las dos principales entidades deportivas de la ciudad, que estaban acostumbradas a jugar sus partidos en estadios colmados y con tribunas muy próximas al campo de juego. Consecuentemente, el nuevo estadio no recrea el ambiente de las viejas canchas, sino que se dispone alrededor de un extraño contorno compuesto por dos cilindros superpuestos. El estadio fue diseñado para tener un 100% de espectadores sentados, pero por presiones de los equipos locales sus cabeceras se dejaron sin asientos.

Luego de una tirante negociación con las autoridades provinciales y municipales, ambos clubes platenses fueron autorizados a remodelar sus antiguos estadios, y sólo usarán el oficial cuando la envergadura del evento lo aconseje. En definitiva, el estadio se utilizará poco para fútbol y su actividad se extenderá a grandes recitales y algún que otro partido de rugby. A lo mejor, recuperará entonces su condición original de all-seater.

Uno de los aspectos que identifica a los estadios “oficiales” es la falta de un dueño deportivo. Un factor común entre los estadios más reconocidos por generar la mejor atmósfera es que son propiedad de un club. Este dato abre el próximo capítulo sobre las ventajas comparativas de los estadios propiedad de los clubes.

5. Los estadios con dueño
El modelo de propiedad de los estadios cambia según el país. En Inglaterra y la Argentina la mayoría de los estadios son propiedad de los clubes. En España son municipales, aunque son privados los recintos de las principales ciudades (Madrid, Barcelona, Sevilla y Bilbao). En Italia suelen ser municipales, pero gradualmente están virando a la propiedad privada como fue el caso de la Juventus.

La propiedad de un estadio es una gran ventaja para cualquier club de fútbol, pues:
- su ubicación suele responder a criterios históricos íntimamente ligados al origen e identidad del equipo. Este arraigo garantiza un fuerte vínculo sentimental y gran fidelidad de la afición (que se traduce en mayores concurrencias e ingresos);
- se aprovechan todos los recursos que genera el estadio: publicidad, gastronomía, merchandising, o se lo usa para otras actividades (recitales, convenciones). La disponibilidad de mayores recursos financieros permite mantener equipos más competitivos, cuyos resultados deportivos refuerzan los resultados económicos;
- se mantiene el control sobre el diseño actual y futuro. Esto alarga la vida útil del estadio, al poder manejar el tiempo y la envergadura de las remodelaciones;
- se evitan interferencias en el calendario pues, si el estadio no es propio (o no está arrendado en exclusividad), otros eventos podrían superponerse con partidos no previstos al inicio de la temporada (por ejemplo, si se avanza más allá de lo previsto en las competencias por eliminación o si se suspende algún encuentro);
- se mejora la situación patrimonial general pues, como la valuación de estos bienes raíces suele ir en aumento, aporta mayor solidez a las cuentas del club.

De los 6 estadios usados en el Mundial de 1978 que se desarrolló en la Argentina, 3 eran privados (River Plate, Vélez Sarsfield y Rosario Central) y 3 oficiales (Córdoba, Mendoza y Mar del Plata). Ya vimos que el diseño y aprovechamiento de los estadios oficiales no fue el mejor. Por el contrario, los 3 estadios mundialistas privados tuvieron un uso extensivo y fueron proyectos exitosos.

Los estadios oficiales del Mundial ’78 fueron construidos desde cero sin un proyecto surgido en comunión con la comunidad deportiva local. Los estadios privados fueron remodelados. Esto quiere decir que se completaron trabajos de ampliación que ya habían sido planteados por los mismos clubes, y cuya ejecución estaba demorada por razones financieras. En River Plate y Rosario Central se completó el segundo anillo de tribunas, mientras que en Vélez se erigió una segunda bandeja en la tribuna lateral sur, especular de la existente en la tribuna norte. En Europa se destacan el Camp Nou, el Bernabéu u Old Trafford, todos estadios privados cuyas remodelaciones los situaron a la vanguardia de los recintos deportivos europeos.

La posibilidad de personalizar la estructura del estadio ayuda a mejorar el sentido de propiedad, sin necesariamente ser su dueño legal. Por ejemplo, el estadio de Munich —Allianz Arena— puede cambiar el color del exterior según juegue el Bayern Munich (rojo) o el Munich 1860 (azul). Incluso usa el color blanco cuando hay otro espectáculo. Cabe notar que en términos deportivos es mucho más importante la propiedad sentimental de un estadio que la legal. Los equipos de Milán no se sienten fuera de su casa en San Siro (los ultras del Milan prefieren una cabecera y los del Inter la otra), lo cual no es de extrañar pues se trata de un magnífico estadio para jugar y presenciar un partido de fútbol.

Por el contrario, no fueron exitosos los casos en los que se quiere aprovechar un estadio olímpico. A parte del caso de Roma, también se pueden citar el del Espanyol de Barcelona (que de Montjuich pasó a Cornellá), o el del nuevo estadio olímpico de Londres, en el que no parece que el West Ham —que se mudará allí en 2016—, ni el Tottenham —que buscó una sede temporaria para reconstruir White Hart Lane— vayan a encontrar un cancha que respete sus mejores tradiciones. De hecho, el Tottenham quiso comprar el estadio, demolerlo y reconstruirlo —como la Juventus en Turín— y por eso las autoridades prefirieron la propuesta del West Ham. Finalmente el Tottenham optó por reconstruir su estadio casi en la misma ubicación de White Hart Lane, pero con un proyecto en etapas que minimiza los inconvenientes vinculados con el cambio de escenario (algo semejante a lo realizado por el Athletic de Bilbao).

En síntesis, resulta claro que en el mundo del fútbol se impone el modelo de estadio “con dueño” (aunque Wembley es la gran excepción que confirma la regla).

6. Los estadios de Buenos Aires
Este capítulo describe los principales estadios del área metropolitana de Buenos Aires (y muy brevemente los de las ciudades de La Plata, Rosario y Santa Fé).

6.1 El caso de la Bombonera (Boca Juniors)
Boca Juniors se instaló en el predio de la calle Brandsen en 1924. Allí construyó una estadio de tablones según los parámetros habituales de la época. Al cabo de graduales ampliaciones, llegó a albergar hasta 50.000 espectadores. En 1934 se desarrolló un proyecto para reemplazar aquella cancha por un moderno estadio de cemento armado. Las reducidas medidas del terreno obligaron a limitar el proyecto del estadio a sólo 3 tribunas, sin la posibilidad de usar todo un lateral. Si se analiza el deambular de Boca por sus anteriores localizaciones (Costanera Sur, Wilde y Dársena Sur), es fácil entender por qué se eligió construir en un terreno inapropiado, pero que estaba plenamente identificado con todos los integrantes del club. Cuando el club jugó en Wilde (1913 y 1914) perdió la mitad de sus socios. Sólo cuando retornó a su barrio (en Dársena Sur), pudo recuperar a su afición más próxima e inaugurar la extensa etapa de éxitos deportivos sobre la que ha fundado su enorme popularidad.

Para poder construir un estadio de gran capacidad en tan poco espacio se distribuyó la capacidad en 3 bandejas de tribunas muy empinadas, pero tan cerca de la acción que se tiene la impresión de estar dentro del campo de juego. Esta disposición le confiere al estadio una atmósfera mágica, famosa en todo el mundo. La construcción comenzó en 1938 (4 años después de presentado el proyecto). La inauguración llegó en 1940. El segundo piso de tribunas se completó en 1941. El tercer y último piso se completó en 1953. Esto da la pauta que la construcción fue bien planificada y que las ampliaciones naturales estuvieron muy bien delimitadas. Es interesante destacar que antes de comenzar a construir la tercer bandeja, se debatió si convenía encarar la ampliación o buscar una nueva localización que erigir un estadio nuevo.

Hasta mediados de la década de 1960 el estadio se mantuvo en buenas condiciones. La principal modificación fue el avance de los sectores reservados para asientos, que limitaron considerablemente la capacidad total.

En 1970 se lanzó un ambicioso y original proyecto que planteaba ganarle terrenos al Río de la Plata y construir allí una Ciudad Deportiva que incluía un estadio para 100.000 espectadores. Buena parte de las instalaciones recreativas se construyeron, e incluso se inició el pilotaje del estadio. La falta de una financiación estructurada para todo el proyecto (se intentó hacerlo con aportes de los socios), junto a las inestables condiciones macroeconómicas de la Argentina, impidieron su terminación.

Es interesante destacar que la decisión de construir un estadio no fue debatida ni resistida por los asociados, a pesar que los cambios propuestos eran sustanciales:
- la ubicación elegida estaba fuera del barrio de origen (aunque el nuevo estadio sólo distaba 2.500 metros del actual); y
- la tipología del nuevo estadio era muy diferente a la de la Bombonera. En los años ‘70 existía una marcada preferencia por estadios de tribunas abiertas, mientras hoy en día se los diseña con tribunas cercanas al campo de juego (que en cierto sentido resemblan el estilo de la Bombonera).

De haberse completado la mudanza, los simpatizantes de Boca seguramente habrían desarrollado cierto nivel de rechazo hacia al nuevo estadio. En efecto, antes de que se abandonara la construcción del nuevo estadio ya se habían levantado voces internas que criticaban severamente la necesidad y oportunidad de llevarlo a cabo.

La actual Bombonera ya agotó su ciclo de vida. La demanda de localidades supera largamente la capacidad del estadio aún en los partidos de menor trascendencia, y las instalaciones auxiliares son muy deficitarias.

El hecho que el estadio sólo tenga 3 tribunas abre una interesante alternativa para su renovación. Se consideró la factibilidad de adquirir los terrenos linderos para construir la cuarta tribuna. Como toda remodelación, este proyecto alargaría significativamente la vida útil del estadio. Sin embargo, la compra de los terrenos no será inmediata (por alguna razón no se la completó en los últimos 75 años), e incluso podría exigir la “siempre discutible” expropiación de algunas propiedades. El principal atractivo del proyecto es que se preservaría la mística y atmósfera de este histórico recinto y atenuaría el déficit de capacidad que presenta actualmente.

Recientemente se difundió un extravagante proyecto para completar el tercer anillo de tribunas por sobre las propiedades linderas, sin necesidad de comprar las edificaciones. No parece que esta variante tenga chance cierta de ser completada. Otra propuesta para preservar el actual estadio sería incorporar el rail seating, que es frecuente en Alemania. Se restringiría la capacidad en partidos internacionales con 100% de espectadores sentados, pero aumentaría en los partidos de torneos locales.

La alternativa a la remodelación es construir un estadio nuevo en un terreno cercano. Como era de prever, este proyecto levantó considerables oposiciones. Sin embargo, el principal escollo es que se habla de un estadio nuevo sin que nadie tenga idea de qué se propone construir. La maqueta de la Bombonera estuvo lista 4 años antes de que comenzara su construcción. Cuando una entidad de tamaña magnitud plantea la construcción de un estadio nuevo, es absolutamente imprescindible que lo haga sobre bases ciertas que permitan recoger opiniones, críticas, comentarios y sugerencias de toda la comunidad involucrada.

Boca Juniors enfrenta un problema objetivo: la capacidad de su estadio limita el potencial de crecimiento del club pues sólo la mitad de sus asociados puede presenciar los partidos. La ampliación (4ª tribuna) es un proyecto ciertamente válido, que extendería 25 años la vida útil del estadio (si además se incluye una actualización de las instalaciones). Una solución a más largo plazo requeriría pensar en un nuevo estadio. La clave para desatar (cortar) este nudo gordiano podría ser la elaboración de un proyecto moderno, pero profundamente inspirado en los antecedentes y elementos que hicieron de la actual Bombonera un escenario icónico del futbol mundial.

6.2 El caso de San Lorenzo
En 1916 el club San Lorenzo de Almagro se estableció en un amplio solar en Av. La Plata al 1700 en el barrio de Boedo. La novel institución recién jugaba su segunda temporada en 1ª división. En 1928 los directivos tomaron la decisión de comprar el terreno y encarar la construcción de un gran estadio de tablones. Como la estructura metálica de soporte de las tribunas era muy similar a la de los depósitos que se usaban para almacenar gas natural, la gente comenzó a denominarlo “El Gasómetro.

El estadio hizo uso de la tecnología más difundida de la época (perfiles metálicos ligeros con gradas de madera dura), pero en una escala que jamás volvió a ser replicada (reunía más de 75.000 espectadores). Sin embargo, la falta de un proyecto superador prolongó excesivamente la vida útil del estadio y, a principios de la década de 1980, sus instalaciones eran irrecuperables y el club no contaba con los recursos para encarar la construcción de uno nuevo.

El Gasómetro se desmontó, el predio se vendió y San Lorenzo comenzó una larga peregrinación por diversas canchas de la Capital Federal. En 1993 construyó un estadio en terrenos propios en el Bajo Flores (a sólo 2,5 km. del viejo Gasómetro). Se emplearon estructuras de hormigón pre-moldeadas que facilitaron la construcción en etapas. El proyecto fue modesto, acorde a los escasos recursos. Se privilegió la capacidad a la comodidad. Se adoptaron soluciones técnicas estándar, sin rescatar elementos arquitectónicos inspirados en el viejo estadio que le confirieran un perfil único y característico. No es osado especular con que se construyó un estadio sin identidad.

A lo largo de los últimos 20 años la afición de San Lorenzo no adoptó este estadio como su hogar. Paralelamente, cada vez cobró más cuerpo la idea de fomentar el regreso a Boedo, a la ubicación original del Gasómetro. Cabe notar que esto sólo es factible pues el terreno del viejo estadio no fue loteado, sino que se instaló un centro comercial. De haberse respetado el plan original que preveía abrir las calles y urbanizar el solar, el regreso no sería posible. La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires atendió la iniciativa y dictaminó una norma que obliga a las partes (el club y el dueño del predio) a negociar los términos del traspaso del terreno. San Lorenzo lanzó un ambicioso proyecto para recaudar fondos extraordinarios para recomprar el solar y construir un nuevo estadio.

La vuelta a Boedo está estrechamente vinculada con la ausencia de un sólido vínculo sentimental entre la afición y el estadio actual. Nadie fomentaría irse de un estadio que aprecia (ver el caso de La Bombonera). Cabe notar que los seguidores de San Lorenzo son muchos y están distribuidos por todo el ámbito metropolitano (la característica común entre los 5 grandes del fútbol argentino es precisamente que su afición excede el ámbito geográfico de su barrio de origen). Este hecho restaría algo de sustento al argumento de “volver al barrio”. Sin embargo, éste es el argumento central del proyecto pues, si el objetivo es restablecer el vínculo sentimental, será imprescindible abrevar profundamente en la rica historia de esta institución.

El club deberá convivir durante un tiempo con dos escenarios (el estadio actual y el nuevo en construcción). Será clave que esta transición no se extienda mucho y que se respeten los plazos anunciados. Toda demora podría conducir a un estado de frustración de la afición y, si las performances del equipo no son buenas, incluso se podría llegar a asociar la dificultades del proyecto con las deportivas.

Los anteproyectos del nuevo estadio muestran limitaciones vinculadas con el poco espacio disponible para la construcción. El estadio tendrá menor capacidad que el actual y sus posibilidades de ampliación resultan complejas. Esta situación podría generar inconvenientes si el éxito del proyecto supera lo previsto. En consecuencia, resultará clave dimensionar acabadamente su capacidad. El proyecto debería rescatar elementos de la tradición del club y adoptar un perfil muy particular que defina una clara identificación (por ejemplo, el exterior podría replicar la estructura metálica que le confirió el mote de “El Gasómetro” al estadio original).

6.3 El caso de Independiente

El Club Atlético Independiente inauguró su estadio en Alsina y Cordero en 1928. Fue el primer estadio de cemento del país. Un voraz incendio había destruido el estadio de Crucecita 5 años antes, situación que fue decisiva para que se seleccionaron materiales ignífugos para el nuevo recinto. Se trató de un proyecto de avanzada. La tribuna oficial lateral (de 130 metros) tenía una imponente visera en voladizo (sin columnas que interrumpieran la visual). En las cabeceras también se construyeron tribunas de cemento. De manera provisoria, el estadio se completó con una tribuna lateral de tablones traída desde Crucecita.

Dos años más tarde se completó el estadio mediante una importante (y original) remodelación. Se giró 90º el sentido del campo de juego (la tribuna de la visera pasó a ser cabecera), se extendieron las viejas cabeceras (que pasaron a ser laterales), y se construyó una nueva tribuna cabecera de cemento (opuesta a la visera oficial). Para desarrollar este proyecto se bajó el nivel del campo de juego y, a su alrededor, se construyó una tribuna en terraplén en la que se colocaron 6.000 asientos (una cantidad desusada para la época). El recurso de bajar el nivel del campo de juego para generar espacio adicional fue realmente novedoso. Aún hoy se lo utiliza frecuentemente, en particular cuando se busca eliminar una pista de atletismo.

El estadio estuvo a la vanguardia de los escenarios futbolísticos locales durante 30 años. En 1960 se lanzó una segunda remodelación para incorporar más comodidades. Se construyó una nueva visera (de allí el mote “La Doble Visera”), eliminaron alambrados para mejorar la visual y colocaron más asientos en las tribunas.

El estadio se fue deteriorando con el paso del tiempo y la falta de mantenimiento apropiado. El club no desarrolló un proyecto acabado de adecuación gradual, que permitiera una actualización gradual de sus instalaciones. La construcción de una segunda bandeja sobre la calle Cordero quedó inconclusa.

La carencia de un proyecto de remodelación integral aceleró el agotamiento de la vida útil del estadio. En primera instancia se evaluó construir uno nuevo en Villa Dominico, donde el club cuenta con un predio para entrenamientos. El lugar tenía buena accesibilidad por autopista y, por tratarse de un terreno libre, se hubiera podido desarrollar un proyecto libre de compromisos. La iniciativa se descartó pues primó el factor sentimental, y por que se quiso evitar el siempre peligroso desarraigo que generan estos traslados.

Para preservar entonces la ubicación del estadio en el lugar donde el club coronó sus mayores logros deportivos, se decidió demoler el viejo estadio de la Doble Visera y construir uno nuevo. El club presentó el render de un proyecto de 4 tribunas techadas en dos niveles y cuatro troneras (o gargantas) en las esquinas. Al poco tiempo de presentado el proyecto, las autoridades del club comenzaron a difundir versiones alternativas que sacrificaban estética para disminuir costos. Esta situación respondía al poco consenso alcanzado por el proyecto original o a un problema de financiación (el club afrontó la mayor parte de la inversión con utilidades generadas por la venta de jugadores). Luego de diversos “tires y aflojes”, se retomó el proyecto original.

En 2006 el club tomó la decisión de demoler completamente el viejo estadio (sólo se mantuvo una tribuna sobre la calle Cordero) y comenzar la construcción del nuevo. No se consideró la posibilidad de una construcción en fases. Se asumió así el riesgo de tener que jugar en otros estadios durante la construcción. Esta decisión es siempre discutible pues, aunque se cuente con los fondos suficientes para afrontar los gastos de la construcción, son muchos los imponderables que se enfrentan cuando se encara una obra de esta magnitud. Por lo general, es más prudente avanzar más despacio y evitar jugar en otro sitios durante lapsos prolongados.

La decisión de demoler y construir se probó ruinosa. El proyecto adoptado era sólo un concepto y, bajo ningún aspecto, se lo podía considerar un auténtico proyecto ejecutivo. No fueron resueltas en el tablero las soluciones de ingeniería exigidas por una obra tan compleja como un estadio deportivo. Los problemas técnicos y financieros durante la construcción fueron innumerables. El estadio fue habilitado parcialmente en octubre de 2009, 3 años después del último partido en la Doble Visera. Desde un comienzo recibió severas críticas a la calidad de las terminaciones y ejecución de los trabajos (hay incluso tribunas desalineadas entre las partes nueva y vieja). A más de 10 años del comienzo de las obras, el estadio no está terminado y aún se trabaja en detalles elementales (el palco de la prensa se completaría en 2017). Tampoco hay fecha para el techado de las tribunas que seguramente aportará mayor comodidad y, posiblemente, una estética mucho más acabada.

Los compromisos adoptados durante el diseño han dejado huellas indelebles. Por ejemplo, desde algunos asientos ubicados en las esquinas no es posible ver el banderín del corner (esto sucede en un estadio diseñado desde cero y que exigió la demolición del anterior). De más está decir que la pobre performance deportiva de Independiente durante todos estos años, atenta contra la generación de un vínculo sentimental entre la afición y su nuevo hogar. Son muchos los que añoran la Doble Visera, cuando en realidad lo que extrañan es el nivel de protagonismo de su equipo.

La mayor lección que deja este caso es que es una acción suicida lanzarse a construir sin tener todos los deberes hechos: asegurar la financiación, consensuar el concepto del estadio, desarrollar un proyecto ejecutivo de detalle y contratar una empresa constructora que acredite los debidos antecedentes. En síntesis, como en cualquier otro proyecto de ingeniería, no es posible encarar la construcción de un estadio sin el respaldo de un proyecto integral.

6.4 El caso del Monumental (River Plate)
El vertiginoso crecimiento institucional del club River Plate es un caso paradigmático del fútbol argentino. En sólo 15 años —entre 1923 y 1938— pasó de jugar su partidos en una modesta cancha a la vera de la dársena de ingreso al puerto de Buenos Aires, a poseer uno de los estadios más grandes del mundo al que llamó “Monumental” (quizás el más importante jamás construido en el país). Precisamente, es la plena vigencia de este estadio —a casi 80 años de su inauguración— lo que pone en franca evidencia el atraso que hoy registra la Argentina en materia de construcción de arenas deportivas.

Vista la falta de originalidad puesta de manifiesto en la construcción de estadios en la Argentina durante los últimos 65 años, cuesta creer la osadía, visión y capacidad de gestión que demostraron los dirigentes de este club al proyectar la construcción del Monumental.

Desde principios de siglo, las diversas Asociaciones que regentearon los destinos del fútbol local sondearon la posibilidad de construir un field oficial para albergar los partidos de la Selección y otros encuentros relevantes. Por diversas circunstancias, nunca fue posible concretar esta iniciativa, y la construcción del Monumental la sepultó definitivamente. El estadio de River Plate ha albergado la mayoría de los partidos de las Selección Argentina en los últimos 80 años.

En el momento de su inauguración era un estadio de avanzada. Queda claro que en aquella época se privilegiaba maximizar la capacidad total y, en consecuencia, se adoptó una forma oval con tribunas alejadas del campo de juego. La pista de atletismo no fue una condición del proyecto (durante 40 años fue el único estadio de fútbol con pista de atletismo en la Argentina), sino consecuencia de tener el espacio disponible (sólo se la utilizó durante los juegos Panamericanos de 1951).

Para su construcción se eligió un terreno amplio (5 hectáreas) en la zona norte de la ciudad (área cuyo pujante desarrollo era posible presagiar ya en aquel tiempo). La construcción de estadio se pautó en etapas. Inicialmente sólo tuvo 3 de las 4 tribunas. La parte baja de la cabecera del Río de la Plata se completó en 1957 y la superior en 1978, cuando fue la sede principal de la Copa del Mundo. El estadio conserva su diseño original, que incluye la circulación bajo tribuna para facilitar el movimiento de los espectadores. La capacidad disminuyó a medida que se colocaron más asientos en las tribunas, que originalmente eran ubicaciones populares.

A pesar de ser el estadio más importante de la Argentina y resistir estoicamente el paso del tiempo, no es aventurado conjeturar que el Monumental ya agotó su ciclo de vida si aspira a seguir siendo el principal estadio del país. Los principios modernos que hoy regulan el diseño de estadios no están presentes. La gente está muy alejada del campo de juego y, por ende, la visual no es la ideal. El estadio posee instalaciones complementarias deficientes (sanitarios, áreas para refrigerios), que no están a la altura de la importancia de los partidos que allí se organizan.

Si se hiciera un parangón con Wembley (el más importante estadio de Inglaterra), resultaría fácil concluir en que la mejor solución sería la demolición y reconstrucción con nuevos parámetros de diseño. Sin embargo, esta no resulta hoy un alternativa viable, por tratarse de una instalación propiedad de una asociación civil sin fines de lucro (no una corporación comercial), y por estar localizada un país de gran inestabilidad económica como la Argentina (lo que impide obtener financiación en condiciones ventajosas).

El club ya dio a conocer un proyecto para remodelar el estadio y resolver algunos de los problemas que lo aquejan. Como no podía ser de otra manera, la idea se centra en eliminar la pista de atletismo, bajar el nivel del terreno y aprovechar el espacio disponible con nuevas tribunas cercanas al campo de juego (una solución probada con éxito en instalaciones similares). El proyecto incluiría el techado de todas la tribunas. En líneas generales, se trata de un proyecto muy razonable (aunque no estamos hablando de un estadio del siglo XXI). La moraleja es que si un estadio están bien construido, siempre ofrecerá muy buenas variantes para ser actualizado y extender así su vida útil.

6.5 El caso del Cilindro (Racing)
El Racing Club se estableció en la intersección de las calles Alsina y Colón de la ciudad de Avellaneda en 1906 (sólo 3 años después su fundación). Es el solar más antiguo en el que actualmente se juegan partidos de 1ª división del fútbol argentino. Durante los siguientes 40 años el estadio (de madera), creció de manera gradual y siempre estuvo considerado entre los más importantes del área metropolitana. En 1947 se desmontaron las instalaciones y comenzó a construir un importante estadio de cemento que se inauguró en 1950.

Para el nuevo estadio se adoptó un contorno atípico: un círculo. No hay que ser un genio de la geometría para entender que no es fácil encajar un rectángulo dentro de un círculo. Por esa razón, los extremos del campo de juego fueron incrustados contra las tribunas cabeceras, a costa de generar un angostamiento de los pasillos de circulación en las cuatro esquinas. Este recurso permitió desarrollar un estadio con muy buena visual desde todas las ubicaciones (tanto en el anillo inferior como en el superior). También se evitó la proliferación de alambrados (se rodeó el campo con un foso), situación que contribuye notablemente a tener una buena visión del juego. El aspecto más negativo es la ausencia de circulación bajo tribuna. Al anillo superior se accede y egresa por escaleras que no están conectadas por un calle interna de circulación. Esta situación dificulta el movimiento de los espectadores (en especial al terminar los partidos), y no ofrece espacios adecuados para la comercialización de refrigerios ni merchandising.

La modificación más importante desde su inauguración fue el techado parcial del anillo superior, que dotó de mayor confort a estas ubicaciones. Sin embargo, por tratarse de una intervención no prevista en el proyecto original se adoptaron soluciones constructivas de compromiso que en algunos casos aislados interfieren con la visual del juego.

La afición de Racing desarrolló una enorme identificación con el Cilindro. El estadio no presenta señales de deterioro, ni resultaría simple su remodelación. Es entonces muy probable que mantenga su actual configuración durante los próximos 20 años.

6.6 El caso del Palacio (Huracán)
Huracán se radicó en Alcorta y Luna en el barrio de Parque Patricios en 1924. Al igual que otros clubes, primero desarrolló un amplio estadio de tablones. El campo de juego estaba rodeado por un moto-velódromo con curvas peraltadas, en el que se corrían carreras de motos y bicicletas. En 1943 se desmontó el viejo estadio y comenzó a construir uno nuevo de cemento, que se inauguró en 1947.

El proyecto fue realmente original. Se construyó un óvalo con tribunas muy empinadas para no alejar a los espectadores del perímetro del campo de juego. El exterior del estadio fue objeto de una cuidada terminación y por eso recibió el nombre de “El Palacio”. También se incluyeron calles de circulación interna bajo las tribunas, que simplifican el ingreso y egreso de los espectadores.

El estadio fue dimensionado en una época en la que la principal audiencia de un partido la constituían los espectadores presentes en el estadio. Como el campeonato argentino siempre tuvo un alto porcentaje de clubes participantes del área de Buenos Aires, era frecuente que el estadio se llenara con simpatizantes de ambos cuadros. En síntesis, el estadio fue dimensionado para alojar el doble de la convocatoria del equipo local. Por razones de seguridad, en 2013 se prohibió la presencia de simpatizantes visitantes en los partidos de fútbol del torneo local. Esta anómala situación tuvo como inmediata consecuencia que muchos estadios no se llenaran más. El de Huracán es un estadio en condiciones de albergar 50.000 personas, por lo que aún concurrencias que superen las 25.000 personas dejan la mitad del estadio vacía. Resulta evidente que, si se tuviera que dimensionar el estadio bajo estas circunstancias, se proyectaría uno mucho más chico.

Una de las alternativas para mejorar el aprovechamiento de los estadios de fútbol es ofrecer otros espectáculos que reúnan grandes concurrencias. El estadio de Huracán está localizado en la zona sur de la ciudad de Buenos Aires, que en la primera mitad del siglo pasado concentraba una amplia actividad industrial. Es la zona que registró menor desarrollo urbano en las últimas décadas. Las actuales autoridades pusieron en marcha un plan para reciclarla (la sede del gobierno municipal se mudó a pocas cuadras del estadio) y fomentar la radicación de nuevas empresas. Si cambiaran las expectativas de la zona, el estadio de Huracán podría convertirse en una sede apropiada para recitales. Necesitaría una importante remodelación. No sería ilógico convertirlo en un escenario con 100% de espectadores sentados (la disminución de capacidad ya no es un problema), y probablemente techado.

Cabe notar que los propios asociados lograron que el estadio sea declarado patrimonio cultural. Esta medida —que busca preservar la riqueza arquitectónica— encierra una paradoja, pues impide la actualización de estructuras funcionales como los estadios que se vuelven obsoletos con el paso del tiempo.

6.7 El caso del Amalfitani (Vélez Sarsfield)
Vélez Sarsfield se radicó en Liniers en 1943. Las circunstancias en las que se transfirió a este lugar fueron dramáticas. En 1940 el club descendió de categoría por única vez y atravesó un profunda crisis que lo puso al borde de la desaparición. Sin embargo, fue precisamente esta crisis la que le permitió convertirse en un institución deportiva modelo. En primera instancia construyó un modesto estadio de madera.

A medida que el club se recuperó, proyectó la construcción de un importante estadio de cemento. El proyecto se inauguró en 1951. En este caso también se adoptó una construcción en etapas (una característica habitual en los proyectos que privilegian la prudencia). Se diseñó un estadio con tribunas paralelas al campo de juego en los cuatros costados del terreno. Esta situación le otorgó una excelente visión del campo de juego. El estadio está localizado junto a la avenida de circunvalación de Buenos Aires. Su fácil accesibilidad lo convirtió en un escenario privilegiado en el que con frecuencia se juegan partidos importantes en los que no participa el equipo local. Así se optimiza el aprovechamiento de las instalaciones. Esta característica fue decisiva cuando se seleccionó un segundo estadio porteño para la Copa del Mundo de 1978. Vélez fue el elegido y el estadio se refaccionó para que se pudiera jugar allí la final de la Copa del Mundo en caso que se registrara un inconveniente en el de River Plate.

El estadio es también frecuentemente usado para recitales y otros deportes, como el rugby, lo cuentan entre sus escenarios favoritos. En ocasión de jugarse el campeonato mundial juvenil de 2001 se colocaron asientos en las tribunas. Incluso se propuso eliminar los alambrados detrás de los arcos, pero la AFA no estuvo de acuerdo. En la actualidad el estadio debería ser actualizado. Por ejemplo: convertirlo en all seater (con el uso de rail seating en las tribunas cabeceras) y techarlo completamente

6.8 El caso de la ciudad de La Plata

En la Argentina no hay tradición de ciudades con estadios oficiales. Sólo para la Copa del Mundo de 1978 se los construyó en Córdoba, Mendoza y Mar del Plata. En el resto de las capitales provinciales siempre predominó el modelo de estadios propiedad de cada club. La Plata no fue la excepción y sus dos encarnizados rivales (Estudiantes y Gimnasia) siempre tuvieron sus estadios enclavados en el bosque.

Cuando la Gobernación de la Provincia decidió construir un estadio —al que provocativamente bautizó “Único”— inmediatamente recogió la oposición de las parcialidades de ambos clubes. Luego de largas refriegas, se autorizó a los clubes a remodelar sus viejos estadios.

Ambos tomaron caminos divergentes:
- Estudiantes optó por desmantelar su cancha y comenzar a construir un estadio nuevo de cemento. El plan encontró fuerte resistencia. Primero de las autoridades municipales (que privilegiaban el uso del estadio oficial). Luego de organizaciones ambientales (que objetaron su localización en el bosque). Superados estos escollos externos, el club debió enfrentar los internos: un proyecto imperfecto y una crónica falta de recursos. Hoy se proyecta completar la construcción a mediados de 2017 (11 años después de la desafectación del viejo estadio). En esta fase final el club adoptó un enfoque más moderno e incorporó al proyecto elementos que hacen a la comercialización de espacios y atracción de sponsors. Su capacidad ha sido dimensionada con relativa prudencia pues, en caso de tener que jugar partidos que superen la capacidad del estadio, es posible recurrir al estadio oficial (donde la afición Pincha se encuentra muy a gusto pues el club obtuvo varios logros deportivos en esa cancha). Como ya vimos, la victorias generan un sólido vínculo sentimental entre los hinchas y el estadio.
- Gimnasia eligió preservar sus instalaciones y reemplazar los tablones de madera por vigas de cemento. Esto le confiere al estadio un aspecto retro. Se desarrolló un modesto proyecto de remodelación que incluye: la construcción de una nueva tribuna lateral (en curso), y otras mejoras estéticas y funcionales. El hecho que circunstancialmente no haya hinchas visitantes, asegura que la capacidad del estadio estará en condiciones de alojar a la nutrida concurrencia local. A diferencia de su rival (que parece jugar a gusto en el estadio oficial), los seguidores de Gimnasia detestan este recinto por lo que difícilmente harán buen uso de él.

6.9 El caso de la ciudad de Rosario (y el de Santa Fé)

La ciudad de Rosario es quizás la sede de la más encarnizada rivalidad entre dos equipos del fútbol argentino: Rosario Central y Newell’s Old Boys. Esta rivalidad se extiende a todos los aspectos de los clubes, situación que aleja de toda consideración la posibilidad que alguna vez se disponga de un estadio común.

Cada club posee su estadio y siempre fue así. Cuando se eligió el estadio que sería sede de la Copa de Mundo en 1978, ambos clubes extremaron las gestiones para ser seleccionados. Finalmente la moneda cayó del lado de Rosario Central, pues es justo reconocer que su proyecto de ampliación presentaba un alto grado de avance.

Rosario Central se radicó en su actual ubicación en el bario de Arroyito en 1925. El club alquilaba los terrenos pero, en 1929, decidió construir un estadio de cemento (en esos tiempos los clubes que alquilaban preferían las tribunas de tablones pues en caso de mudanza podían desarmarlas y volver a montarlas en una nueva ubicación). Rosario Central resolvió la propiedad de su terreno en 1946 (hizo un trueque con la Municipalidad). A partir de ese momento puso en marcha un plan para ampliar el estadio, que desarrolló en dilatadas etapas a medida que conseguía los recursos extraordinarios que requerían las obras. La construcción de la segunda bandeja comenzó en 1958, y recién se la completó para la Copa del Mundo de 1978. El estadio presenta una silueta rectangular con tribunas cercanas al contorno de la cancha. Se llena con regularidad (este es uno de los casos en los que el equipo local se ha visto favorecido por la prohibición de asistencia de la hinchada visitante). Sin embargo, de mantenerse el entusiasmo demostrado por sus seguidores, la actual estructura no está en condiciones de satisfacer toda la demanda de espectadores. Se preparó un proyecto de una tercera bandeja pero, como es frecuente, los recursos financieros no son fáciles de obtener.

Newell’s se instaló en terrenos fiscales del Parque de la Independencia en 1911. El club no es dueño del predio pero obtiene con regularidad la renovación del permiso. En 1930 construyó una tribuna de cemento con visera (semejante a la construida por Independiente), que lo puso a la vanguardia de las canchas de aquel momento. Luego el estadio entró un largo letargo y sólo se hicieron reformas parciales. Esta situación fue decisiva cuando se seleccionó al estadio de Rosario Central para la Copa del Mundo de 1978. Finalmente el club retomó la remodelación del estadio, que al igual que el de su rival se llena con frecuencia (no hay lugar para los visitantes). El estadio es hoy una colección de soluciones constructivas aplicadas para aumentar su capacidad (un esquema que aún permite nuevas ampliaciones). En contrapartida, carece de una integridad conceptual que lo destaque como obra de arquitectura.

La ciudad de Santa Fé siguió el modelo rosarino, pero 30 años más tarde. El estadio de Colón (el más grande de la ciudad) fue reciclado para albergar partidos de la Copa América de 2011. Su rival, Unión, lanzó entonces una ambiciosa remodelación para ampliar la capacidad de su propio recinto. Tucumán es otro caso similar en el que los dos principales clubes de la ciudad desarrollan sus proyectos en forma independiente.

6.10 Otros casos en el área metropolitana

El área metropolitana de Buenos Aires se encuentra densamente cubierta por infinidad de equipos de fútbol. Cada uno posee su cancha y estadio, que responden a la historia, idiosincrasia y recursos disponibles. Esta canchas pueden ser clasificadas en la siguientes tipologías:
- las que se ejecutan sobre la base de proyectos de ejecución gradual en la misma locación original de la cancha de tablones: Lanús, Ferro, Chacarita, Atlanta;
- las que se construyen en nuevas ubicaciones: Quilmes, Deportivo Morón;
- las que constituyen una colección de tribunas de diferentes formas sin un proyecto integral: Banfield (quizás el caso más paradigmático), Arsenal, Defensa y Justicia, Temperley, Platense, Tigre y muchas más…

Abundan los estadios hechos a pedazos sin un plan regulador. Hoy existen métodos constructivos que permiten asumir menos riesgos, gracias a una rápida ejecución que acota los costos. Para desarrollar buenos proyectos, resulta entonces clave planificar: pensar a futuro, estandarizar las etapas, y nunca ir más allá de lo que se debe.

7. Corolario
Este trabajo no pretende ser un tratado sobre construcción de estadios, ni elaborar recetas únicas que apliquen a todas las circunstancias.

Su objetivo es recopilar eventos significativos —y en algunos casos pintorescos— del acervo histórico y cultural de cada club, y exponer de manera simple y ordenada el denso entramado de variables económicas y sociales que entran en juego cuando que se encaran estos emprendimientos.

La Argentina supo estar a la vanguardia de los estadios de fútbol en la década de 1940. Desde entonces, comenzó una gradual y sistemática declinación que ha llevado a contar hoy con recintos deportivos muy inadecuados.

Desde el punto de vista del espectador, la función de todo estadio es la de “ver bien los partidos”. Esta premisa evolucionó gradualmente en una más compleja “proveer una experiencia de inmersión en un espectáculo deportivo”.

Esta aseveración nos conduce a la siguiente conclusión: “el destino de todo estadio de fútbol es ser reemplazado por uno mejor.”

Para desarrollar un proyecto acabado de nuevo estadio, es indispensable no escatimar recursos en la etapa de planificación. Lo urgente nunca deja tiempo para lo importante (Mafalda/Quino).

Siempre hay que planificar e informar muy bien antes de empezar a romper lo que se tiene. Privilegiar la prudencia y no dar pazos inciertos. Fomentar la discusión entre todos los interesados hasta consensuar un proyecto.

Cada club es diferente y cada uno tiene su idiosincrasia. El vínculo entre un estadio y su afición es una relación tan compleja como inexplicable. Todo proyecto de cambio requiere entonces la máxima atención, para no desatender aspectos críticos que atentarían contra el éxito del proyecto si no son contemplados de manera adecuada.

No hay razones que impidan retomar un sendero de vanguardia en el diseño y construcción de estadios de fútbol, si se incorporan las innovaciones, pero respetan las tradiciones y trabaja para alcanzar un amplio apoyo comunitario.§

3 comentarios:

  1. Maravilloso artículo. Muchas gracias al autor.

    Sólo una puntualización, en el punto 5. En España, si bien algunos clubes son dueños de sus estadios (Real Madrid, Atlético, Barcelona, Athletic Club, Sevilla, Betis, ahora Espanyol y alguno más), la mayoría de los estadios son de propiedad municipal, siendo cedidos en cifras simbólicas y por muchos años a los clubes Sociedades Anónimas Deportivas.

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    1. ¡Muy buena acotación! El texto ya fue editado. Te agradezco tu contribución.

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  2. Excelente trabajo. Inentendible estadios del siglo xxi con alambrados (san juan) o sin visual (visitante de indepte) abrazo

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